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Movimiento ciudadano en Chile

08 Oct

Vivimos en estos días en Chile, hace ya varios meses la llama viva del descontento civil; la declarada indignación de la ciudadanía. En la génesis de este ascendente movimiento social se encuentra la demandante acción de los estudiantes de nuestro país; el principio de todo, para hacer honor a la verdad, se gestó en la Universidad Central. Universidad privada que por estatutos no tiene dueño; al menos en cuanto a tener propietarios de la infraestructura de la universidad o a tener beneficiarios de los excedentes de sus ingresos. Desde que se creó hasta la fecha, todo el ingreso ha provenido de los aranceles que cancelan sus estudiantes; no ha tenido ni tiene mecenas que la sustenten, ni grupos económicos, religiosos o políticos que la apoyen. Tal como lo declaran sus principios ha sido siempre independiente y autosustentada; todo el excedente de sus ingresos se ha reinvertido en la misma Universidad y su patrimonio es propio y no arrendado a una inmobiliaria

Pues bien, durante el año 2010, se gestó la iniciativa liderada por la Junta Directiva de la casa de estudios de realizar una “alianza estratégica” con un grupo económico de inversores; es decir, se inició un proceso que intentaba vender parte de su patrimonio.

Fue en ese momento que un importante grupo de académicos y directivos, entre los que me cuento, defendió la tradición histórica, reflejada en sus estatutos, de la Universidad sin fines de lucro. Los estudiantes de la Universidad Central, liderados por la Federación y los respectivos centros de alumnos, hicieron suya esta convicción e iniciaron un movimiento en contra de la “venta” de la Universidad.

Movimiento que alcanzó estatura pública, por la relevancia que le dieron los medios a la paralización y la toma de edificios que los estudiantes sostuvieron por meses. Paralelamente a este movimiento; entre los estudiantes del país; universitarios y secundarios se venía gestando también la convicción de que la educación de nuestro país estaba en una flagrante crisis. Ejemplo de ello, fue el movimiento de los pingüinos del año 2009.

El año 2011, se juntan ambos procesos de descontento y la primera demanda que se vuelve a relevar es el fin al lucro en la educación chilena. En todo el sistema educacional de nuestro país. El resto es historia conocida; pero quisiera resaltar el apoyo ciudadano que han tenido las demandas estudiantiles. Mi opinión es que estas demandas de justicia social para la educación que lideran los jóvenes, encuentran un apoyo y una valoración mayúscula en las familias chilenas, porque el problema de injusticia social cruza de manera transversal a todo chileno que vive de un sueldo. En el fondo de todo se encuentra la perversa desigualdad social de nuestro país; que significa esto: que la distancia, entre lo que ganan los grupos económicos de nuestro país y lo que percibe de sueldo la gran mayoría de los chilenos, es una de las cinco más grandes del planetaSomos uno de los cinco países del mundo con mayor desigualdad social. Entonces es obvio lo que ocurre; es el promedio de arancel universitario del país es de $200.000 aprox. y el sueldo mínimo es de $182.000 (1.058.476 trabajadores tienen ese sueldo en Chile). Que decir de la clase media; si las políticas sociales asistencialistas de los últimos 20 años no la ha considerado.

Entonces es obvio lo que ocurre; Marx y Engels están enterrados, pero parece que todavía no están muertos. La explosión social chilena (y también de otras latitudes) fue intuida por el materialismo dialéctico. Un amigo cubano que vive en Chile me decía en estos días: “ahora sí que comprendo a Marx”(a propósito de la explosión social).

En fin, hace tres días el periodismo informaba de las desmedidas ganancias de las Isapres (seguro privado de salud), que “despertaban” la inquietud sobre el lucro de la salud en Chile.

En varias de estas columnas hemos sostenido que Chile como nación, contiene dentro de su estructura social dos Chiles: El Chile de los ricos y el Chile de los pobres.

Los chilenos que desean que sus hijos reciban educación de calidad deben matricularlos en colegios privados (allí se forman los futuros gerentes; los que van a mandar y tomar decisiones por todos). Como el estado chileno, representado por las políticas educacionales (últimos casi 40 años) no se ha hecho cargo de la educación, la clase media y los pobres reciben la peor educación (allí se forman los futuros empleados y obreros; o sea, los que deben obedecer)

Los chilenos que desean tener una salud de calidad; deben contratar una Isapre (con costos que ahogan a la clase media que la optó). Los chilenos que no pueden pagar una Isapre deben tener FONASA; pero como el estado tampoco se ha hecho cargo de la salud (otro derecho básico social); deben hacer colas de madrugada, para que le den hora para atención y si se trata de una intervención quirúrgica, volver a hacer colas para asegurar un cupo 4 meses después de detectada la necesidad de operación.

Las familias chilenas que educan a sus hijos en colegios municipales o particulares “subvencionados” (en ellos, un particular lucra con fondos estatales), en general, reciben atención de salud, a través de FONASA y se deben transportar en Transantiago (transporte privado, porque al estado chileno le importa un bledo la calidad de vida de la gran mayoría de los chilenos y así suma y sigue. La vivienda, la cultura, y un gran etcétera. Entonces las demandas de los estudiantes universitarios y secundarios, que reciben apoyo de la inmensa mayoría de los chilenos son razonables: reforma constitucional, reforma tributaria, fin al lucro en la educación ( y ahora en la salud), son absolutamente justas y necesarias.

Las actuales autoridades han planteado que con estas demandas el movimiento se ideologizó. Obvio. Ambas posiciones: la del gobierno y la de los estudiantes, son ideológicas. Es absolutamente obvio que lo que ocurre hoy en Chile, representado por el movimiento ciudadano versus la muralla gubernamental, es la genuina expresión de dos formas, dos paradigmas, dos cosmovisiones diferentes; dos maneras de entender lo humano y lo social. Por una parte; los que defienden a ultranza una sociedad cuyo centro y meta es el mercado y por lo tanto, la competitividad y por otra, aquellos que defienden (entre los que me encuentro) una estructura social cuyo centro y meta sea el ser humano, la persona y que promueve fundamentalmente la participación ciudadana y la colaboración comunitaria como la mejor representación de la humanidad.

Luis Alfredo Espinoza

http://blog.latercera.com/blog/laespinoza/entry/movimiento_ciudadano_en_chile

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