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“400 mil universitarios terminarán desertando y 300 mil desempleados”

09 Oct
  • Invitado por la Corporación Visión Ciudadana, el ingeniero participará este jueves en un seminario en Chillán.
  • El principal problema del movimiento estudiantil, anticipa, “es su carencia de unidad interna”.
Ha publicado más de 70 artículos o libros, y dirigido más de 150 proyectos de consultoría en temas que incluyen política educativa, biotecnología, planificación estratégica, gestión tecnológica y gestión del sector público. Es el siempre polémico Mario Waissbluth, el ingeniero químico y profesor del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, quien a través de la Fundación Educación 2020, no ha tenido pelos en la lengua para declararse en contra de la actual forma de lucrar en la educación superior “por ser un chanterío”.
Quien fuera asesor del Consejo de Alta Dirección Pública será uno de los expositores del seminario “Futuro del Sistema Educacional, ¿Qué queremos los chilenos ?”, organizado por la Corporación Visión Ciudadana, la cual es encabezada por el ex intendente del Bío Bío, Jaime Tohá. Éste está fijado para el jueves 22, a partir de las 18 horas, en la Sala Schäfer del Centro de Extensión de la Universidad del Bío-Bío (18 de Septiembre Nº 580), y contará, además con la participación de otros expositores, como el decano de la Facultad de Educación de la U. de Concepción,  Abelardo Castro.
LA DISCUSIÓN conversó ayer con Mario Waissbluth para adelantar algunos de los temas que abordará en el seminario del jueves.
-¿Realmente se avanzó durante los gobiernos de la Concertación en materia educacional?
-En lo fundamental, dejando fuera muchos detalles, durante los gobiernos de la Concertación se produjo un aumento de cobertura e infraestructura, que en el caso de la educación superior fue completamente explosivo en la última década, sobre la base de la inversión privada. Hubo un retroceso segregador al diseñarse el mecanismo de financiamiento compartido en las escuelas subvencionadas, y un avance importante, aunque muy tardío -en 2008- al implantarse la subvención preferencial. No se produjo ningún cambio sustancial en las reglas básicas del modelo educativo, inspirado esencialmente en el mercado y la competencia entre entes educativos, públicos y privados, carente de toda transparencia y regulación adecuada.
-¿Por qué el sistema hizo crisis ahora y no antes?
-En la explosión actual confluyeron varios elementos. El primero y más relevante es una masa de un millón de estudiantes universitarios, que no existía hace una década, de los cuales 400 mil van a terminar desertando y endeudados (es decir, peor que antes), y 300 mil  van a obtener un título tan espurio que van derecho al desempleo o a un empleo que no les permitirá pagar su deuda ni en 30 años (es decir, peor que antes). Cada uno de esos jóvenes tiene en promedio dos padres y un hermano, con lo cual sumamos casi 3 millones de personas que colectivamente se sintieron engañadas. A esto hay que sumarle los “pingüinos secundarios” que explotaron hace 5 años y que, con toda razón, no han visto cambios significativos hasta hoy. Súmele escándalos como La Polar y similares; la existencia de “indignados” en Madrid, Israel o el Reino Unido, y un estilo gubernamental y de la Coalición de Gobierno que no ha sido particularmente empático con estas explosiones, y ahí  tiene los elementos completos del polvorín.
Cambios “desde adentro”
-Educación 2020 y otras instituciones y organizaciones han entregado propuestas serias para cambiar el sistema. ¿Por qué cuesta tanto que el Gobierno y el Parlamento acojan estas iniciativas?
-Cuando nació Educación 2020 a principios del 2009, ni siquiera nos planteamos el cuestionamiento a los elementos fundacionales del modelo de mercado, por considerarlo una imposibilidad política dado el sistema binominal. Por ello nos abocamos a mejoras “dentro del modelo”, y hemos tenido muchos éxitos. De nuestra Agenda Inmediata 2009-2010, de 17 puntos,  se han materializado o anunciado 14. Nuestros éxitos más importantes tienen que ver con el cambio radical en la figura de los directivos escolares, aprobado en enero, y adiciones presupuestales para la educación pública del orden de US$ 170 millones. Estas medidas, naturalmente, tomarán algún tiempo en impactar las aulas. Hoy, gracias a las movilizaciones, estamos comenzando a abordar, lenta, pero seguramente, los ajustes esenciales que a nuestro juicio habría que hacerle a un modelo educativo esencialmente inmodificado en 30 años.
-¿Cuáles son, a su juicio, las principales virtudes y las mayores falencias de este movimiento estudiantil?
-Las principales virtudes han sido su espontaneidad, frescura, creatividad, y capacidad de movilización de la ciudadanía. Pase lo que pase, ellos marcaron un “antes y un después” en la educación chilena, y nosotros estaremos paciente y persistentemente trabajando temas de agenda hasta hoy cerrados. Ellos los abrieron. Tal vez su principal falencia es su carencia de unidad interna, en que hay un sector más moderado y dispuesto a negociar, y otro que es fundamentalista. Por cierto, lo mismo ocurre al interior de la coalición de gobierno. Esos fundamentalismos, de lado y lado, son los que han puesto más gasolina en el fuego.
-El Mineduc anunció que 70 mil estudiantes ya perdieron el año debido a las movilizaciones. ¿Es significativo para un alumno repetir un curso? ¿Cree que valdrá la pena y habrá cambios reales?
-Obviamente es significativo y malo en lo personal para ellos. Pero lo peor y más paradojal es que el mismo conflicto que se supone quiere rescatar y reforzar la educación impartida por el Estado, va a hacer caer la matrícula en estas instituciones (escolares y superiores) al punto que muchas van a ser irrescatables. Hay sectores de la coalición de gobierno que ven esto con cierta alegría. Parafraseando a Nicanor Parra, la extrema izquierda y la extrema derecha, unidas, jamás serán vencidas… en la destrucción del sistema de educación pública.
Del lucro al contrato de concesión
– Se sataniza al lucro. Sin embargo, si en este momento se prohibiera, tendríamos un serio problema de cobertura. La propuesta de Educación 2020 es clara al respecto: comenzar por transparentar. ¿Puede confiar la ciudadanía en que se llegará en un momento a contar sólo con corporaciones sin fines de lucro? ¿Es factible?
-Nuestra propuesta en el Senado, que por cierto, ya fue acogida y es proyecto de ley, es transparentar totalmente todas las instituciones educacionales con o sin fines de lucro que reciben recursos del Estado, sea como subvención, subsidio, aval, o deducción tributaria. Todos los ingresos, todos los egresos, todas las transacciones con entes relacionados. No estamos pidiendo nada diferente a lo que se le exige a una Sociedad Anónima abierta. Puedo asegurar que tan sólo esa legislación, bien fiscalizada, haría desaparecer la mayor parte de las “malas prácticas”, que por cierto se dan tanto en instituciones con fines de lucro como en las sin fines de lucro. Pero no nos quedaremos ahí, propondremos un cambio radical en el modelo regulatorio de la educación. Veremos cómo nos va. Se trata de asimilar la relación del Estado con los proveedores educativos, públicos o privados, a un “contrato de concesión” parecido al de las obras públicas. Se hubiera hecho esto hace una década y hoy no tendríamos la crisis que estamos viviendo.
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