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La cuenta regresiva

09 Oct

La opción de reanudar el diálogo entre los estudiantes y el gobierno quedó en entredicho tras la tensa reunión de la Confech del jueves pasado. Ahora, ambas partes se juegan sus últimas cartas antes del 7 de octubre, plazo final para cerrar el semestre.

El domingo 4 de septiembre -al día siguiente de que Sebastián Piñera recibiera a los líderes del movimiento estudiantil en La Moneda-, el presidente de la Feuc, Giorgio Jackson, y el senador UDI Hernán Larraín se reunieron en CNN para debatir sobre la crisis educacional. Al finalizar el programa, el parlamentario se ofreció a trasladar en su auto al vocero de la Confech, ocasión en la que ambos consideraron fórmulas para acercar posiciones entre el Ejecutivo y los estudiantes.

En ese momento, la expectativa de ambos era que el ala moderada de la organización estudiantil -representada en los dirigentes de universidades de Santiago- pudiera imponerse sobre los grupos “ultras”, para luego buscar un acuerdo con el gobierno. Once días después, sin embargo, ese escenario se había debilitado considerablemente, dejando a los actores del conflicto estudiantil en una cuenta regresiva, cuyo plazo fatal puede ser el 7 de octubre. Ese día, si no se deponen las movilizaciones, se decretará el fin del semestre académico en las universidades, cancelando, además, la asignación de becas y créditos.

El jueves, en Valparaíso, Jackson enfrentó una de las asambleas más duras del movimiento universitario. Tanto él como la presidenta de la Fech, Camila Vallejo, fueron recibidos con gritos y pancartas en su contra de parte de los sectores más radicales. Fue un preámbulo de lo que sucedería horas después. Esa noche, la Confech -en una vocería en la que no participaron Jackson ni Vallejo- convocó a un paro nacional para el próximo jueves, en reacción a la respuesta entregada horas antes por el ministro Felipe Bulnes al petitorio de condiciones planteado por el movimiento para iniciar un diálogo con el gobierno.

En los últimos días, las divisiones al interior de la Confech habían sido monitoreadas con atención desde La Moneda. En Palacio eran conscientes de que la proximidad de las elecciones internas en varias federaciones -que deben renovarse entre octubre y noviembre- podía complicar a algunos referentes del movimiento. Pero, además, otro elemento había irrumpido en la escena: la tragedia aérea de Juan Fernández.

Según revelan en Palacio, el accidente cambió el clima político, ofreciéndole mayor margen de acción a un gobierno que había cedido terreno en el control de la agenda ante un movimiento que tenía una alta aprobación en la opinión pública.

Por eso, el ministro Bulnes apostó en los últimos días a dar señales de autoridad. Primero, confirmando que 85 mil escolares habían repetido de curso, al no acogerse al programa diseñado por el Ejecutivo para recuperar clases y dar exámenes libres. Y, después, rechazando la mayor parte del último petitorio de los estudiantes, que entre otras cosas planteaba eliminar el plazo del 7 de octubre, televisar futuras instancias de diálogo y paralizar la tramitación de proyectos en el Congreso. Esta línea de acción ya había sido enunciada por Bulnes y Piñera en el comité político del lunes, cuando coincidieron en que el gobierno no podía aceptar ese tipo de exigencias sin perder autoridad.

La clave de la estrategia del gobierno es manejar con habilidad la ecuación que implica mantener el principio de autoridad y al mismo tiempo mostrarse dispuesto al diálogo y presentando propuestas para solucionar el conflicto. En esa línea, la idea de La Moneda es poner el énfasis en proyectos para aumentar la fiscalización a la calidad de la educación, y reforzar las medidas que permitirán reducir el endeudamiento de los estudiantes universitarios.

En la última semana, en el gobierno percibieron nuevas señales que apuntan hacia un desgaste del movimiento. Tras plegarse al paro de dos días de la Confusam, los estudiantes convocaron a una marcha para la segunda jornada de movilizaciones. La Intendencia Metropolitana optó por conceder los permisos sin hacer mayor cuestión. La estrategia de bajar el perfil de la protesta resultó: a la actividad sólo llegaron seis mil personas, lo que fue visto como un éxito desde La Moneda.

En este contexto, en Palacio aseguran que desde el PC -partido al que pertenece Vallejo- comenzaron a enviar señales de que estaban dispuestos a bajar las movilizaciones. Estos contactos, sin embargo, quedaron en entredicho tras la cita de la Confech del jueves.

Según dirigentes universitarios, desde que se inició el encuentro, los sectores más radicales desplegaron fuertes críticas contra Jackson y Vallejo. Incluso, se analizó la posibilidad de que salieran de la mesa ejecutiva. La opción finalmente fue desechada, en consideración a la alta valoración pública de ambos personeros. Lo que los sectores dispuestos al diálogo no pudieron controlar fue la negativa de la mayoría de las federaciones a seguir conversando con el gobierno. De hecho, se convocó a una marcha familiar para el jueves 22 y otras movilizaciones para los días 29 y para el 7 de octubre. La próxima asamblea de la Confech, en tanto, será el sábado 24 en Coquimbo.

Ni Jackson ni los dirigentes comunistas estuvieron en la vocería realizada al concluir la asamblea del jueves. Tanto Camila Vallejo como el presidente de la Feusach, Camilo Ballesteros (PC), se retiraron antes. En estos días tenían previstas reuniones para analizar sus próximos pasos. Según uno de ellos, existe preocupación por la inminente pérdida del año académico y la posibilidad de que por intransigencia cosechen logros menores de los que podrían tras más de cuatro meses de movilizaciones.

“Hay que actuar con responsabilidad con nuestras bases. El diálogo con el gobierno es lo único donde podríamos tener voz y voto. La opción del Congreso no es positiva para nosotros”, plantea el dirigente.

Hasta el cierre de esta edición, la apuesta de los dirigentes metropolitanos no era descolgarse de la Confech, sino generar presión hacia el interior de la organización y forzar un acuerdo con los grupos más radicalizados. Los tres planteles que representan están entre los que tienen mayor número de estudiantes (UC, 24 mil; U. de Chile, 26 mil, y la Usach, 19 mil) y en conjunto explican el 25% del total de alumnos de la Confech.

La ausencia de un acercamiento y la cuenta regresiva del 7 de octubre es uno de los puntos más complejos, ya que las 25 universidades que conforman el Consejo de Rectores (Cruch) dejarían de recibir en total $ 104 mil millones de pesos por el concepto de becas de aranceles y fondo solidario si el 7 de octubre no se han retomado las actividades. En paralelo, las universidades han visto disminuidos sus ingresos en unos $ 25 mil millones de arancel directo por efecto de las paralizaciones. “Nos han dicho que la situación en algunos casos es insostenible”, comenta un dirigente estudiantil de los grupos menos moderados.

Para el gobierno, en tanto, el escenario también ofrece complejidades. Hay conciencia de que se debe evitar tensionar al máximo la relación con los estudiantes. Si finalmente se llega al 7 de octubre sin un acuerdo, para La Moneda lo más importante es que la opinión pública atribuya ese resultado a la falta de disposición al díalogo de los estudiantes y no a las autoridades.

Ivonne Toro y Esteban González
http://diario.latercera.com/2011/09/17/01/contenido/reportajes/25-83897-9-la-cuenta-regresiva.shtml
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